En gran parte somos construcciones sociales, y aprehendemos los unos de los otros y nosotros mismos, a partir de construcciones y preconstrucciones mnésicas de los grupos a los que hemos pertenecido o aún pertenecemos. "Nuestro yo actual no es más que el punto de encuentro de cierto número de testigos, cada uno de los cuales es el mismo pero cada uno de los cuales, al mismo tiempo, habla en nombre de un grupo", escribe Halbwachs en La memoria colectiva. Es así como esta memoria colectiva se convierte en "sujeto", quedando los individuos objetivados y reducidos a yo-lugares, lugares-encuentros, confluencias de corrientes de memoria. Somos el producto de un relato social colectivo actual y pasado, de una narración social que nos concierne, y nosotros nos comprendemos necesariamente a través de las historias que socialmente nos relatan, a causa de lo cual se orea lo que denominamos un extraño síndrome narrativo, estructurante de este individuo social que lo enriquece sin fin.
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