El diagnóstico diferenciado de la pérdida aguda de visión en niños incluye la pérdida aguda de visión como consecuencia de enfermedades de la retina o del nervio óptico, y de la ceguera cortical (también discapacidad visual neurológica). Los trastornos de la retina que se pueden diagnosticar erróneamente como neuritis óptica incluyen la neurorretinitis de Leber, la neuropatía óptica hereditaria de Leber y la distrofia macular de Stargardt. Los cambios en la retina que evolucionan en neurorretinitis y pseudopapiledema en la neuropatía óptica hereditaria de Leber son útiles para diferenciar estos trastornos de los trastornos de la neuritis óptica. Se puede diagnosticar erróneamente la distrofia macular de Stargardt ¿que es un trastorno asociado con una variedad de mutaciones¿, en lugar de una pérdida psicogénica de visión debida a la apariencia normal temprana de la retina y a la pérdida de la visión en un período de semanas. La determinación de la diferencia entre la neuritis óptica y la neuropatía óptica isquémica anterior (NOIA) depende de la aparición inicial del disco óptico (en el caso de la NOIA, ya sea una hiperemia debida a una reperfusión o a una inflamación y palidez, si ha tenido lugar un infarto total). Los autores han descrito casos de niños con pérdida brusca de visión durante la diálisis renal, cuyos factores de riesgo por NOIA incluían la hipotensión sistémica y la hipertensión intraocular. Los niños con un tratamiento riguroso de hipertensión acelerada y los niños con migraña y con trastornos protrombóticos también han recaído en NOIA. Por lo tanto, se debe sospechar de la NOIA cuando tiene lugar una pérdida aguda de visión asociada a ciertos factores de riesgo ocular y sistémico. En niños que son capaces de cooperar en los exámenes del campo visual, el cambio típico de la NOIA es un defecto de altura, mientras que el cambio típico en la neuritis óptica es el escotoma central. La asociación de la neuritis óptica con la esclerosis múltiple, enfermedad de DeVic (también neuromielitis óptica) y con la encefalomielitis aguda que causa pérdida de la mielina, requiere una consideración especial en relación con el tratamiento y el pronóstico. La pérdida aguda de visión debida a ictus corticales cerebrales implica una gran cantidad de diagnósticos diferenciados que incluyan enfermedades vasculares, metabólicas e infecciosas, además de trastornos como los ataques convulsivos y la migraña, que causan cegueras transitorias.
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