Este artículo estudia las relaciones entre progreso técnico y esfuerzo tecnológico propio en los países más desarrollados, un aspecto central para su política económica, y por ello sujeto a un permanente debate. A pesar de los notables avances que se han producido en la teoría del crecimiento durante más de dos décadas, que han logrado situar la innovación en su centro, y a pesar de la proliferación de los contrastes empíricos, que han tendido a confirmar las hipótesis centrales, enriqueciendo notablemente el campo de análisis, aún no se conocen bien los factores que transforman un esfuerzo tecnológico dado en innovación, y después en ganancias de productividad. En este artículo se apuntan algunas hipótesis a la luz de los datos más recientes.
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