Después de dos mandatos, Putín ha conseguido de las urnas la vía libre para su coreografía del poder: su delfín, mucho más tecnócrata y liberal que él, será presidente, pero él se reserva un sitio preferente como primer ministro, un lugar desde el que hacer valer su mano con las elites del poder y, quizás repetir un retorno al poder al estilo del que ejecutó con Yeltsin.
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