Sus padres se mataron a trabajar para hacer que funcionara �el taller del mundo�. Al igual que ellos, millones de campesinos abandonaron sus aldeas, partiendo así al asalto de las megalópolis chinas con la esperanza de una vida mejor. Pero sus sueños chocan con las dificultades de la vida en la ciudad, donde no disponen de los mismos derechos que los que nacieron allí. Nos reunimos con algunos mingong en los barrios obreros de Cantón.
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