El gran potencial de los acuerdos internacionales de libre comercio y de inversión para mejorar las condiciones de trabajo está lejos de materializarse. Las disposiciones laborales del reciente acuerdo entre los Estados Unidos y la República de Corea suponen una clara mejora respecto de anteriores acuerdos, pero serán ineficaces, según el autor, porque hacen referencia a derechos enmarcados en la Declaración de la OIT de 1998 y no en los convenios fundamentales en que esta se basa. Los mecanismos de control del cumplimiento también son cuestionables. El autor examina alternativas para que estos acuerdos contribuyan verdaderamente a mejorar las condiciones de trabajo en todo el mundo.
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